Versión Estenográfica del Discurso del Cansiller de las Pontificias Academias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales, Marcelo Sánchez Sorondo durante la Inauguración del Coloquio "Globalización y Justicia Internacional".
México, D. F. (PRWEB / PRWEB) June 4, 2004
Señor Presidente de la Nación, Vicente Fox;
Señor Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez Bautista;
Señora Ministra Olga María del Carmen Sánchez;
Señores Embajadores ante la Santa Sede, Fernando Estrada y Javier Moctezuma;
Su Excelencia Nuncio Giuseppe Bertello;
Señores profesores y altas personalidades de la cultura;
Amigos de México, Italia, Chile y la Argentina:
Quiero ante todo saludar a todos ustedes como Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, en mi nombre y en el de la Presidenta de la Pontificia Academia, y del Presidente fundador de la Academia, aquí presente a presidir a nuestro grupo, quien hablará inmediatamente.
Y también traer los saludos de los otros académicos, algunos aquí presentes otros que se han hecho presentes por teléfono para seguir con intensidad nuestro encuentro.Sentimos un gran gusto y satisfacción profunda por haber podido organizar este Coloquio Internacional sobre Globalización y Justicia con ustedes aquí en esta gloriosa ciudad de México.
A mí me gusta decir que México es para América lo que Grecia fue para Europa, este país maravilloso tiene además de ancestrales riquezas humanas que tomaron Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, la epopeya de la evangelización con figuras extraordinarias.
Verdaderamente, los pioneros de la proclamación de la universalidad del ser humano y de sus derechos, junto con muchas corrientes de racionalidad de corte moderno europeo, que han enaltecido la independencia y la libertad.
Por eso tal vez México esté llamado primero que nadie a modelar un nuevo ideal que conjugue estas diversas potencialidades culturales mediante el diálogo, el desarrollo social y la voluntad de construir un futuro mejor que tenga al centro la persona humana y el bien común.
Es la primera vez que la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, o al menos parte de ella, en sus diez años de existencia organiza un acto, digamos, descentrado.
Estamos acostumbrados a la bella sede de Roma, la que asigna Pio IV, a la cual están todos invitados, bajo la sombra de la cúpula de San Pedro, como llaman cariñosamente los romanos a esa maravillosa cúpula de la Basílica que hizo Miguel Angel, con las audiencias del Santo Padre.
Sin embargo, la significativa presencia de todos ustedes aquí, en esta Ciudad de México, con tanta historia y con tantos habitantes tiene tal importancia para nosotros de justificar ampliamente la realización que estamos inaugurando en esta sede.Nuestra Academia es Pontificia, lo que quiere decir que ella está bajo el patrocinio del Vicario de Cristo, el Papa Juan Pablo II, que además ha fundado la Academia de las Ciencias Sociales, y que tanto quiere México y América Latina, como lo demuestra su continua solicitud por estos pueblos y sus numerosos viajes apostólicos.
A México, creo que cinco y dicen que ha prometido otro inmediatamente, como no imitar el Papa en esta solicitud, como no venir aquí imitando sus dislocaciones y peregrinaciones para ver en México, estudiar juntos con la colaboración de ustedes y otros eximios profesores amigos, los problemas humanos desde una perspectiva de las ciencias sociales que centran sus soluciones en la persona humana y el bien común.
Según lo ha dicho el señor Secretario, recién, este coloquio es una responsabilidad común entre el gobierno de México y la Santa Sede o bien aquella parte de la Santa Sede contesta fundamentalmente por estudiosos lacios una especie de senado científico del Papa y vienen de diferentes partes del mundo y de diversos campos científicos para discutir problemas y prospectar soluciones en pro de anticipar un futuro mejor.
Así son estudiosos laicos colaboradores con la misión de San Pedro Petrina como lo repetía siempre Pío XI a la Pontifica Academia de las Ciencias. Estamos aquí entonces para realizar esa colaboración entre dos estados en el orden académico, que es un orden que busca muy directamente la verdad en relación al bien de la sociedad.
Es un gran estado americano y un pequeño estado el Vaticano, que sin embargo, tiene mucha experiencia en humanidad.
Quiero entonces agradecer al Presidente Fox por esta iniciativa nueva que naturalmente corresponde a la novedad de su persona y de su programa como Presidente.
Quiero agradecer asimismo a su brillante Secretario de Relaciones Exteriores que visitándonos en Roma, lanzó la idea y nos conquistó.
Quiero también expresarle gratitud al Embajador Fernando Estrada Sámano, quien me alegra tanto de verlo entre nosotros, que tuvo mérito de ser pionero en el proyecto, siempre amigo de las academias pontificias y al Embajador Javier Moctezuma que lo ha seguido con verdadera dedicación exclusiva.
Mi gratitud va también no sólo a los profesores de la Academia, el Presidente Malinvaud, Louis Sabourin, Pedro Morandé Court, Carlo Rubbia, que han dejado importantes cosas para poder venir, sino también a los mexicanos que tienen una participación muy activa y que estamos diciendo escuchar como también al profesor Marcelo Suárez-Orozco de la Universidad de Harvard, no puedo cumplir mi agradecimiento sin referirme a la doctora Irma Gómez y sus colaboradoras que han hecho posible, con su figura, eficacia y tiempo, esta realidad.
Muchas gracias a todos ustedes.
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